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soledadEscribir –decía ella- es un juego de solitarios. Vivir a veces también lo es.

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luces

lucesHay días así, grises, en que quisiéramos que las nubes no se posaran sobre nuestras cabezas. Días así, tristes, en que todo parece morirse un poco. Y creemos que ya el sol quedó oculto. Desde algún lugar, desde alguna geografía lejana, alguien nos recuerda que los atardeceres existen, y la grisura se dispersa, y la luz aparece en una imagen.  Y nos salva.

Borges

1Es tan ágil para leerme entrelíneas como yo para ocultarle mis palabras.

“I offer you lean streets, desperate sunsets, the
moon of the ragged suburbs.
I offer you the bitterness of a man who has
looked long and long at the lonely moon”.

Y me escondo en fragmentos de Borges, otra vez:

“I offer you the loyalty of a man who has never been loyal.
I offer you that kernel of myself that I have
saved, somehow –the central heart that deals
not in words, traffics not with dreams, and is
untouched by time, by joy, by adversities.”

Pero tampoco Borges me dice con qué puedo retenerte. Y retenerme…

“I offer you the memory of a yellow rose seen at
sunset, years before you were born.
I offer you explanations of yourself, theories about
yourself, authentic and surprising news of yourself”.

Te ofrezco explicaciones de ti misma, teorías sobre ti misma, auténticas y sorprendentes noticias de ti misma.

Viaje

viajeTe vas y te escribo mientras te vas. Coqueteo con la idea de hacerte cosquillas mientras viajas, porque son muchas horas entre un punto y otro. Pero no, ni me gusta hacer cosquillas ni que me hagan cosquillas, supongo porque existen otras formas de sacar una sonrisa y no provocarla así tan burdamente.

Quiero hacerte sonreír, que te pases parte del viaje con una sonrisa así, dibujada, pero sin hacerte cosquillas. Voy a inventar las mil y una maneras de verte sonreír. Y volver a quedarme totalmente idiota, como aquella vez, como observando el meteorito, mirando tu sonrisa.

Te advierto, eso sí, que mis manos no se quedan tranquilas frente a ti. Y se van, como manos de ciego, a tu rostro, a tu boca, a tu cuello, a tu pecho, a tu cintura, y se quedan ahí, demoradas.

Y entonces ya no sé en qué parte del viaje nos perderemos. Coqueteo con la idea de…

¡Salud!

fiestaTermino la botella de vino al tiempo que bailo la última canción de la noche. Ya no sé si tengo alcohol en la sangre, o sangre en el alcohol. Ya no sé si esta es mi ropa de fiesta o si es un disfraz. Ya no sé la mitad de las palabras que no he dicho.

Demasiados tragos y una sola noche. Demasiada música y un solo cuerpo.

Ya es el último trago. Alzo la copa, me la bebo completa a tu salud, y continúo…